El regreso a clase después de las vacaciones

El regreso a clase después de las vacaciones
El comienzo de la época de clases, para fastidio de los niños, y alivio de los padres, supone un cambio radical en los hábitos y conductas diarias.

Mientras desempacamos, compramos las cosas de librería necesarias para la escuela, mientras pensamos “Otro año más”, nos vamos haciendo a la idea de que la escuela está más cerca de lo imaginado.

Pero mientras tú estás ocupada con todo esto, tus hijos duermen a pierna suelta, y protestan si haces el menor ruido mientras estás como loca organizando todo para en nuevo ciclo lectivo.

Pon un tigre en tu plato

La alimentación se hace más organizada, y ya no se come “lo que haya a mano”. La somnolencia, el cansancio y la falta de energía se deben mucho a la dieta desordenada, llena de calorías vacías que lo único que hacen es estresar aún más al sistema digestivo.

Para recuperar toda la energía hay que respetar las cuatro comidas diarias, de la forma más organizada posible. Evitar los “bajones” de  azúcar no espaciando demasiado la alimentación. Incluir colaciones saludables: un yogur o una fruta. Minimizar la ingesta de grasas saturadas, sobre todo en el desayuno.

El desayuno debe ser lo más completo posible, evitando sólo un café negro, por ejemplo. Incluir en el desayuno de los niños yogur, cereal, y pan integral, que aportarán la fibra y los nutrientes necesarios para poner en funcionamiento el cuerpo y la mente.

Muchos fracasos escolares y bajas del rendimiento se deben a la mala alimentación y la falta de sueño adecuado. 

El sueño de los justos

El tema del sueño merece un apartado especial. Es necesario que el organismo recupere el ritmo circadiano adecuado gradualmente, más si las vacaciones incluyeron cambio de huso horario. Lo ideal es comenzar unos quince días antes.

Cada organismo es diferente, a algunos les llevará menos que a otros, pero es imprescindible que los niños estén bien descansados por la mañana para no dormirse en clase. Comenzar haciéndolos ir a dormir media hora antes de las “trasnochadas” habituales, y levantándolos media hora antes, para que el madrugón escolar sea lo menos traumático posible.

El cambio en el sueño, sumado a la ansiedad que algunos niños pueden sentir por el comienzo de las clases, puede traer irritabilidad e insomnio. Lo mejor en estos casos es ser lo más contenedora posible, quizás llevarlo a conocer la escuela, mostrarle el salón, y tratar de responder sus preguntas e inquietudes.


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