El sueño durante el embarazo

El sueño durante el embarazo
Es frecuente que las mujeres embarazadas sufran trastornos del sueño.
Por lo general, se oscila entre dos extremos, el de una gran somnolencia, en los primeros meses del embarazo, hasta dificultades para conciliar el sueño, hacia el final del embarazo.
Las causas de estas oscilaciones son varias.

Oscilaciones

Al principio del embarazo, el cuerpo es como una enorme cocketelera de hormonas. Y una de estas hormonas es la progesterona. La abundancia relativa de esta es el causal del estado de somnolencia predominante. Al margen de los efectos específicos de esta hormona en el proceso gestacional, parecería como si la naturaleza dispusiera todo para que la mujer se tome las cosas con calma, descanse más y ahorre las energías necesarias para enfrentar la creación de la nueva vida que se está formando. 

Hacia el final del embarazo, por lo general, desde el sexto al noveno mes, la causa de la dificultad para lograr una buena noche de sueño es más bien mecánica.
El aumento del tamaño del feto causa un aumento del ritmo cardíaco, y un cambio en la forma del cuerpo que hace que a veces no se pueda adoptar la posición natural de sueño de cada persona. A esto viene acompañada una sensación de ahogo, causada por un menor espacio de la caja torácica que se retrae para dar lugar a la criatura.

El incremento en la frecuencia de la necesidad de orinar también conspira para lograr mantener el período de descanso. Los riñones funcionan más de lo habitual para poder filtrar una mayor cantidad de sangre, combinado con el hecho de que el peso del bebé comprime la vejiga, reduciendo su capacidad. 

Las piernas también son foco de conflicto. La revolución que está atravesando todo el sistema circulatorio hace sentir sus efectos en las piernas, ahora escenario de dolores y calambres. Además, el cuerpo produce durante el embarazo una hormona llamada relaxina, que ayuda a preparar al cuerpo para el parto. Uno de los efectos de esta hormona es el relajamiento de los ligamentos del cuerpo. Esto hace que las mujeres embarazadas sean menos estables, y tengan una mayor tendencia a lesionarse la espalda. 

La acidez y la constipación son otros “flagelos” a los que deberás enfrentarte. La acidez se debe a un levantamiento del diafragma y por consiguiente del estómago sufre más presión. Lo mismo sucede con el intestino grueso, causando constipación. Recuerda que todo es pasajero, y trata de encontrar nuevas posiciones para descansar.


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